jueves, febrero 20

Mi viaje a China / Segundo día - BEIJING

Después de tanto andar por fin aterrizamos, era de noche, mas o menos las 22 hs. locales y veíamos desde arriba lo que era Dubai.

Mamita, Dubai. Qué país!!!, daban ganas de salir del aeropuerto, hacerse una Visa ahí y quedarse unos cuantos días.
El aeropuerto de Dubai es prácticamente una pista de Emirates. Todos los aviones que ves ahí son los de esa aerolínea.. a lo sumo alguno de Qatar Airlines, pero se cuentan con las manos. Cuando llegamos nos hicieron descalzar para pasar los controles de migraciones.. algo incómodo, mas cuando los pies están tan hinchados que no sabés si luego van a volver a entrar en el calzado..  Dentro del mismo encontrás hasta aguas danzantes, salones propios para orar y el baño exclusivo para musulmanes. Ves a las minas tapadas hasta los tobillos con telas negras, y a sus maridos en short de fútbol y zapatillas, irónico, no?.








Dimos mil vueltas por el aeropuerto porque estábamos maravilladas. Luchando con el celular, el Ipad, el Ipod, la notebook para conseguir al menos una línea de Wifi (hacía 21 hs qe habíamos desaparecido de Argentina y nadie sabía nada de cómo estábamos). Hasta que por suerte enganchamos y pudimos comunicarnos con todos.

Estuvimos ahí unas 3 o 4 horas pero el tiempo se pasó volando.
Pasamos migraciones, nos sacamos las zapatillas, y después fuimos a una especie de hall en la que esperamos para poder embarcar: había aproximadamente 150 chinos y nosotras 2 occidentales. Terrible.
Por fin pudimos embarcar, y lo que teníamos delante de nuestros ojos era un Airbus A380. En ese momento amé tres mil veces a Emirates. Una bestia de avión, doble piso, el interior de nogal, super espacioso, nono, tremendo.

Nos subimos con la emoción de, encima que nos dirigíamos a Beijing, estábamos arriba de un Airbus así. Fue un gol de media cancha.
Éramos las únicas occidentales en un avión de doble piso, pueden imaginarse que había olor a comida de chino, pero no importaba nada.
No se sintió el despegue, un lujo.
Fueron seis horitas mas de viaje, cuando empezamos a ver cadenas montañosas y ahí supe que estábamos volando sobre China (el nivel de ansiedad se calmaba escuchando por los monitorcitos de Emirates el último disco de Daft Punk, y sobre todo la canción "Instant crush", definitivamente definió los cuatro largos viajes en avión de estas vacaciones).

Finalmente llegamos.
Un calor que rajaba la tierra, el cielo nublado.. pensábamos que se largaba en cualquier momento. Pero no importaba absolutamente nada,




Fuimos a migraciones, y había mas de diez largas filas, unas cuatro era para extranjeros, el resto todas para ciudadanos chinos. Por suerte hicieron rápido, me miraron el pasaporte para chequear la Visa (la cual la tuvimos que gestionar acá en Buenos Aires y era de 30 días), me sacaron una foto, y me dejaron pasar. Tranqui.
Salimos del aeropuerto y nos tomamos un minisubte que nos comunicó a otra terminal del mismo, donde pudimos recoger las valijas. Todo se fue dando simultáneamente. Me acuerdo que en ese subte viajamos con una chinita que tenía el pelo de tres colores, pero espectacular.
Cuando salimos, no entendíamos nada, eran las 16 hs aproximadamente del lunes, y entre una multitud de chinos (cuándo no?) vimos a una mujercita de pelo corto con un cartel con nuestros nombres. Ahí respiramos. Alivio!
La chinita que no paraba de hablar se presentó como "Amelia". Me causa mucha gracia que los chinos tengan sus nombres occidentales, son realmente prácticos. Estuvimos con ella diez minutos esperando la especie de remis chino, y lo teníamos parado al lado al chofer. Unos boludones.
Cuando subimos al auto, yo no entendía nada, es esa sensación rarísima de haberte subido a un avión el día anterior pero ahora estabas dos días posteriores, y tu familia en la otra parte del mundo se encontraba un día atrás. Una locura.
Las autopistas en Beijing son geniales. Bien señalizadas, los autos casi todos últimos modelos. Tienen marcas que acá no las conoce nadie, pero allá sirven se ve. Los taxis son de colores, los colores dependen a la empresa de taxis. Hay amarillos y azules (guácala), verdes y amarillos, rojos y amarillos, etc.




Llegamos al hotel después de unos cuarenta minutos en el auto. Muy lindo el hotel, se llama "Trades Upper East by Shangri-LA". Nos atendieron diez puntos. Estábamos tan muertas que nos bañamos, hablamos con nuestra familia que estaba bastante desesperada y nos fuimos a caminar por los alrededores del hotel para ver "qué onda". Revisamos la habitación, y encontramos en el vestidor una máscara antigas. Todo bien.




El hotel tenía un jardín hermoso, pero a esa hora los mosquitos nos querían comer enteras. El barrio parecía muy tranquilo, vimos un "pekinés" en Pekín, un detalle gracioso.




Volvimos al hotel y cenamos. La comida si que es rara, no existe el chaw fan, el chop suey y todas esas cosas que acá nos venden como "comida china". Puro invento norteamericano. Allá comen cosas raras, y muy condimentadas, muy picantes, muy cargado todo.
Cuando volvimos a la habitación nos desmayamos, no sin antes prender la tele. Si algo era divertido en China era ver diez minutos de tele, llena de realities en los cuales los hacen bailar-cantar y ponen animaciones de dibujos animé para bardearlos, el MTV China era gracioso porque los videos eran o de chinas poperas que cantaban y bailaban con multitudes.. o de chinos melancólicos que veías en clips en los cuales eran dejados por sus novias, cagados por sus novias, su novia se moría, etc etc etc. Todos tristes! Y eso era lo gracioso.

Nos acostamos tipo 23. El jet lag nos mataba, y al otro día a las 6 había que estar arriba bien despierta para la primera excursión. Heavy.